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Por:Andrès Monciòn/Deinteresdiario.Net
La fascinación del ser humano por registrar y preservar el paso del tiempo es tan antigua como su propia historia.

Desde las pinturas rupestres que narraban las caserías de las tribus, hasta los coliseos romanos donde se escenificaban dramas sangrientos para el entretenimiento colectivo, siempre ha existido la necesidad de contar historias y fijar recuerdos en la memoria común.
En el siglo XIX, esta aspiración dio un salto revolucionario con el nacimiento de la fotografía. Nicephore Niepce, considerando el padre de esta invención logro en 1826 la primera imagen permanente de la historia, utilizando una cámara oscura y una placa de peltre cubierta de betún de Judea.

Este primer intento, aunque rudimentario, abrió el camino a una nueva manera de detener el tiempo.

Pero el hombre no se conformó con una imagen fija. El deseo era darle vida al instante, capturar el movimiento mismo.

Aquí es donde entra Eadweard Muybridge, quien 1878 resolvió una vieja apuesta: ¿los caballos levantan las cuatro patas del suelo mientras galopan? Muybridge instalo una serie de cámara dispuestas a lo largo de una pista, que se disparaban en secuencias al paso del animal.

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El resultado fue una serie de fotografías, que al verses repetidamente, creaban la ilusión del movimiento.

Fue entonces que este experimento no solo resolvió la duda, sino que marcó el inicio de la fotografía en movimiento, preludio del cinematógrafo de los hermanos Lumiere.

Así como los romanos usaban el teatro y el coliseo para representar tragedias y epopeyas, el cine se convirtió en el nuevo escenario donde el hombre proyecta su miedo, deseos y sueños.

Las primeras películas eran simples escenas cotidianas- un tren llegando a la estación, obreros saliendo de una fábrica-, pero pronto dieron pasos a relatos más complejos, verdaderos dramas que continúan la tradición de las tribus que narraban sus historias alrededor del fuego.

El cine, al igual que las antiguas formas de representación, es una herramienta de preservación de la memoria.

Nos permite revivir batallas, gestas heroicas y tragedia colectivas, asegurando que la futura generaciones puedan mirar atrás y entender de donde venimos.
En definitiva, el surgimiento de la fotografía en movimiento no fue un hecho aislado, sino el resultado de la externa búsqueda humana por detener el tiempo y revivirlo cuando lo desee.

Desde las pinturas de las cavernas hasta el proyecto de cine, todo es parte de la misma historia: la historia del hombre que se niega a olvidar.